
Hay un tema que nos preocupa. En medio de los paros, nuevamente surge el festín de campaña de cualquier candidato a puesto público: la salud. Hospitales siniestros, una atención deplorable del funcionario público y ahora un error que más parece de club de barrio (con el respeto que me merecen las agrupaciones de ese tenor), con la “negligencia” de no notificar a los enfermos de sida que sin saber que poseían el VIH habían ido a donar sangre a un hospital. Pero acá hay que ver dos patitas de la cueca: el servicio de salud y la prevención en temas sexuales, bastante olvidado en el debate de estas semanas, en donde el ponceo gana cada día más adeptos.
En las frías catacumbas de nuestros hospitales públicos ocurrió una más de las tantas chambonadas a las cuales nos estamos acostumbrando. Así, se suman al cureptazo, a los niños naciendo en los pasillos del Hospital San José, a las eternas filas en los consultorios y a un interminable etcétera, el olvido- ¡ups!- de notificar a los dadores de sangre contagiados con el virus del sida. Se cae una ministra. Se develan, una vez más, las paupérrimas condiciones en que se trabaja en muchos de nuestros servicios públicos y, por supuesto, el establecimiento de un sumario interno para descubrir al gestor material de los hechos: sumario, palabra mágica y redentora. Ahora, me encantaría saber cómo se hace un sumario. ¿Alguien ha visto en qué terminan? Me puse farkasmaniaco: regalo diez lucas a quien me conteste esa pregunta.
Pues bien, faltarían hojas para seguir describiendo estas “embarradas” propias de la dejación de nuestra raza En fin, vamos a un tema de fondo: la sexualidad y la prevención. ¿En qué estamos los chilenos?, sí señores… hablaré del ponceo.
Un trago, una rubia… relaciones aquí y ahora

Mi abuela, como todas las abuelitas, diría:- “por dios, dónde están los valores, la decencia. Estos niñitos están desbandados”. Los tiempos han cambiado y hay que abrir los ojos y como dice una canción” basta ya de tanta tontería, hoy hay que ir al grano”. El tema del sida da el pie para entrar en este debate y recrear las siguientes escenas.
Escena 1, toma 1: Un bar, o una disco cualquiera. Por la barra salen las cervezas, los tragos listos para ser degustados. La cosa se comienza a calentar, más ahora que llegó el verano y hay menos ropita. De fondo un reggaeton cualquiera. “te besaré en la disco, sol arena y el látigo por dónde sea” (algo así debe sonar, porque no me sé ninguna melodía exacta). Los hombres no quieren perder la noche y al ataque, como cual vampiro tras su presa. Comienza la cacería. Las mujeres, ya bastante más desinhibidas, se comienzan a dejar llevar. Pasa la noche y las piscolas te hacen ver más guapas a las mujeres a las que sobrio ni pescarías. Sigue el reggaeton y da lo mismo. Te tocó la que tienes en frente y a dejarlo todo se ha dicho. Da lo mismo lo que haga, cómo se llame. Total, no la quieres para madre de tus hijos, aunque…
Escena 1, toma 2: Una disco a media tarde o una plaza pública a media tarde. Miles de adolescentes o de frentón niños juegan al ponceo. Yo a esa edad, en verdad, jugaba súper nintendo con mis amigos haciendo sendos campeonatos de Internacional Superstar Soccer Deluxe. Y con suerte iba a fiestas, donde pinchaba con alguna chiquilla por ahí, y ocupaba el parque para caminar comiendo helados con alguna pololita, viendo morir el día apoyados de un árbol (que lindos recuerdos, se me cayó el carnet y estoy hablando como mi abuelita, pero en fin). Hoy día los niñitos (no todos por supuesto) juegan a tocarse unos con otros, besarse todos con todos, todas con todas y dándole y dándole, porque el mundo se va a acabar. Andan niñas borrachas a las tres de la mañana por las calles haciendo dedo; toman y toman; tiran y tiran, sin pensar que en unos de esos ponceos puede haber algún contagiado de VIH, sin imaginar que puedan a llegar a ser madres aún vistiendo jumper, aunque...
Este es un tema transversal. No existe separación de estratos; ahaha… pero con la píldora del día después sí, claro, cómo olvidar que solo la gente con plata la puede tener. ¿Campañas de uso de preservativos? Mmm…leves y sin sentido de educación. Salvo la última del Gobierno (“Yo decido y me cuido siempre”) que en algo enseñaba lo más básico: saber ocupar el condón. Recuerdo una fiesta de universidad de la cual fui parte de la organización. Se nos ocurrió regalar condones a la entrada. Escándalo. Parte de las autoridades se ruborizaron por aquello y no faltaron los chupamedias que al día siguiente colocaron carteles por toda la U, preocupados por el libertinaje en que se había convertido la universidad, sumado al hecho que una niña se sacó algo de ropa en un concurso de baile. Gente: eso se llama ceguera, otro mal endémico de nuestro indómito pueblo chileno.
Ante este panorama no queda más que deprimirse. Funcionarios que se olvidan de informar a las personas que tienen sida, niños, jóvenes y adultos viviendo sodoma y gomorra, sin políticas serias de campañas preventivas. Y aunque nadie lo quiere, tenemos cada día más abortos, más embarazos no deseados, y gente contagiándose el VIH (9.900 personas en los últimos cinco años). Hay que parar las antenas y no hacernos los lesos. Hay una realidad que, aunque a mi abuelita le cueste entender, existe y no estamos haciendo nada para enfrentarla. En diciembre, el Gobierno lanzará una nueva campaña del sida que será enfocada en incentivar a que personas con conductas de riesgo se hagan exámenes preventivos. Esperemos que sea un real aporte, directa y sin temas tabúes de por medio.
Nadie puede cuestionar pasar una noche de locura y desenfreno (quien no ha tenido alguna), quizás tampoco nadie pueda prohibir el ponceo, pero a cuidarse muchachos y muchachas, nada más ni menos que eso.
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