jueves, 29 de enero de 2009

Hacer universidad



“Don Víctor Hugo: párese y dígame quién fue Víctor Hugo”- me dijo un profesor de castellano en primer año medio. Yo algo sabía de la existencia del escritor francés, pero el profe me hizo leer en una semana Los Miserables. Esta escena ocurrió en una añosa sala de clases de un colegio público: el Instituto Nacional. Desde esa oportunidad, se comenzó a forjar mi hábito por la lectura y las letras y me transformé en periodista. Ustedes pensarán que luego estudié en alguna universidad tradicional, pues no. Cursé mi profesión en una universidad “cota mil”, según la definición que dio hace algunas semanas el Padre Felipe Berríos en la revista Sábado de El Mercurio.

Para contextualizar, el sacerdote jesuita en su artículo expone lo que significó para él dictar una charla en una universidad “cota mil”, privada y a los pies de la cordillera. Hace un paralelo del camino para llegar a esa institución, en donde vio a jóvenes en las calles del centro de Santiago protestando por algún problema y al subir a esa casa de estudios se preguntaba si esos alumnos no estaban creciendo en una burbuja desconectados de la realidad.

Al entrar a mi universidad “cota mil” se me presentó un variopinto grupo de compañeros. Como en cualquier universidad, también tradicional, estaban quienes asistían porque sus papás se la pagaban y no les interesaba nada de nada, con suerte entrar a clases, aquellos que tenían su vida “asegurada”, los “calienta asientos”. Pero también, había otro grupo que estaba en la dinámica de hacer una universidad, concepto que apañamos para lograr remover un panorama inerte y de desidia. Acá hay un punto clave. Esta universidad, La Finis Terrae, ofrecía becas a otro tipo de alumnado, de colegio público del cual yo fui favorecido. Y bajo ese alero, se comenzaba a ambientar lo que verdaderamente es una universidad: un lugar integral, diverso y dinámico.

Después de mucho esfuerzo logramos revivir los centros de alumnos, meter bulla en el patio con una radio, hacer una revista, entre muchas cosas. Éramos pocos y tildados de “Nerds” por esos alumnos inertes, y también las autoridades nos miraban con una sonrisa en los labios como cuando un niño hace una travesura y los papás se la celebran. Pero finalmente se logró crear una federación de estudiantes en el cual yo pude dar un discurso lleno de universidad y en el mismo patio donde había animado cafés concert, donde había cantado, y donde había tomado vino en cajas de jugo, fumando puro y jugando a las cartas. Es decir, sí, viví la verdadera universidad en una “cota mil”. Primer paso para salir de la burbuja: depende de uno. Ahora bien, como citan los expertos en educación, como el investigador José Joaquín Brunner, hay otros factores en juego que forman al joven: la familia, el contexto social y los profesores.

Desde luego las autoridades tienen que dar el espacio, de ahí a que los alumnos la aprovechen es otra cosa, pero se tiene que cimentar una base. Por eso, una de las problemáticas es que aún hay universidades que impiden a sus alumnos organizarse y eso es un mayor estímulo a mantener un alumnado sin intereses y apáticos. Y allí sí hay un punto al cual, quizás, quiso aludir el sacerdote en su columna. Al respecto, debería existir una regulación la cual prohíba, prohibir, sino claramente estamos hablando de cualquier cosa, menos de una universidad.

Apatía, apatía y el profesor

El problema de la apatía, del desinterés es un factor generalizado en la juventud y no hay estudios que disgreguen ese problema en universidades privadas o tradicionales. Basta ver, por ejemplo, los porcentajes de participación en las elecciones estudiantiles. En la última elección de la Universidad de Chile, se supone donde están los jóvenes más comprometidos, solo un 42% del alumnado votó. Y, desde luego, están las cifras de los no inscritos en los registros electorales: el 80% de los más de 4 millones de chilenos que no votan son menores de 30 años. Son frías cifras, pero marcan lo mínimo de participación e interés por los asuntos públicos. Si bien hay muchos jóvenes que anónimamente realizan labores sociales, los números y la realidad muestran una generación cada vez más individualista, en pos del éxito personal, con muchos elementos tecnológicos, pero con poquísima acción dentro de la sociedad. Volviendo a la universidad “cota mil”, recuerdo el primer paseo que nos hicieron. Fue un recorrido por el centro cívico y de verdad había compañeros que parecían turistas. Pero, este tema no es exclusivo, sino más bien una tendencia que va más allá de una clase social determinada.

De aquí, surge todo un contexto social, familiar y del profesor. Me detengo en este último. Si hablamos, por ejemplo, del Instituto Nacional, lo que mantiene vivo a ese colegio son los docentes. Se vibra con la vocación por educar, con clases en donde sonaba la campana, pero la discusión era tal, que seguíamos sin importar la hora. En la universidad “cota mil”, también, había profesores que se daban el tiempo para escucharnos, para incentivarnos más allá de la materia. Allí, se puede forjar una chispa de luminosidad para los alumnos, transformándose en un factor esencial, más allá de la ubicación geográfica de la institución. Así por ejemplo, agradezco haber reprobado una vez expresión escrita, o que una profesora de reportaje me dijera:-“tú das más que esto, por eso te tendré conmigo el próximo semestre, aunque te de la nota para pasar”. Pequeños detalles, que van marcando diferencias. Son enseñanzas que se llevan por toda la vida. Uno siempre se estará educando, pero las raíces se marcan en el colegio y en las instituciones superiores. La burbuja está en todas partes. Es lo más fácil y la tenemos todo el día bombardeándonos, pero va más allá de una cota menos o una cota más. El tema es cómo despertar a los jóvenes para que hagan su propia universidad.

jueves, 15 de enero de 2009

No gracias, paso al bajativo

La palabra in del momento es bajarse. Parece que denota estilo y te brinda un mayor prestigio. Recuerdo una sola vez que me bajé de una candidatura para ser reelecto presidente de un centro de alumnos y aludí a la unidad, para dejar el camino a las nuevas generaciones. Parece que debiera haber sido político. Podría gozar de asignaciones por asesorías. Andaría a la velocidad que quisiera en la carretera y sería candidato cuando tenga la certeza que ganaría. Total, las encuestas hacen la pega. Para qué arriesgarse a perder una elección, digo yo: ¿Qué piensa señor Pánzer, o señor Lagos de esto?


Pero no solo candidatos a La Moneda se han bajado últimamente. Hermógenes Pérez de Arce agarró el impulso del espíritu bajativo y acabó con su columna mercurial que me acompañaba los desayunos de los miércoles, para empezar con sentido del humor el día. Muchos han escrito sobre él. Su blog se repletó de súplicas añorando su retorno. El último bastión del pinochetismo duro dejaba anclada su pluma. Hermógenes quería un candidato UDI y reclamaba la bajada de Piñera, pero sucumbió en el intento. Sí… hay que reconocerlo: se extrañará su pluma de ágil columnista, independiente de su particular contenido.




Pero también de bajadas recuerda el Festival de Viña del Mar, ahora que estamos ad portas de los 50 años de la fiesta musical, se me vienen a la memoria algunas. Cómo olvidar el año 2002 cuando a último minuto se bajó Rod Stewart. Claro, no aludió a la unidad de nada, sino a un caprichoso resfrío. Para otra edición, se bajó Kudai, argumentando que no era su momento. He escuchado ese concepto en más de algún político alguna vez. Lucho Jara también se bajó de la competencia para animar Viña, dándole el paso a quien estaba mejor posicionado en ese entonces: Sergio Lagos. El factor encuestas dijo presente en esa bajada. En el mundo del deporte, Iván Zamorano (apuesto que no se acuerdan) se bajó de una Copa América que se jugaba en Perú, por razones de estrés laboral y cansancio. Ese argumento sí que no lo podría escuchar de muchos políticos, porque hay que reconocer que algunos sí trabajan. Tampoco hay que juzgar que vean alguna que otra chiquilla buena moza por Internet, sino del cielo nos podría caer una avalancha de piedras.


¿Quién quiere ser Presidente de la República?




Después de esa pincelada de bajadas hagamos un vistazo a la renuncia del Pánzer Insulza de la carrera a La Moneda, que a todo esto: ¿Fue candidato alguna vez? En una conferencia de Prensa- sin queques ni galletitas, por último para los periodistas- se bajaba aludiendo a la unidad de la Concertación y de paso ungir como candidato a su ex jefe Eduardo Frei. En lenguaje lolei- no propio de este columnista- el Pánzer ¡arrugó pesado¡ Después de la encuesta CEP, y de otra encuesta de La Tercera, en donde no lograba repuntar sobre Frei y sin aún el efecto de la enésima bajada de Lagos, en las playas de Cancún y disfrutando de algún buen ron bajo una palmera, decidió no competir y seguir en su puesto en la OEA. En ningún momento aludió al factor encuestas, pero ¿qué coincidencia no? Un hecho que me llamó más la atención y la verdad- como a muchos- terminó por desilusionarme de estas elecciones, es que ante una pregunta de la prensa sobre las primarias responde que el ejemplo de Estados Unidos había que tomarlo en cuenta. Pero ¡cómo¡ José Miguel: te acabas de excluir de la posibilidad de unas primarias y dices eso… en fin, es la cosa política no más. Justamente lo que hace que a la gente menos le interese ir a votar, leer de política- salvo ustedes amables lectores-, claro. Le faltaron las ganas, el hambre por el cargo y de paso deja en manos de los partidos políticos una decisión que debería haber sido de la gente.



Pero, aún no está todo dicho. José Antonio Gómez (el Pepe Grillo como le dicen sus colegas de fila), el senador del Partido Radical que usted poco debe conocer, quiere llegar hasta el final. No sale ni mencionado en las encuestas, pero tiene ganas de establecer un debate en la Concertación con ideas y donde el elector se pueda expresar. Además, ahora apareció Marco Enríquez Ominami, el mismo: el marido de Karen Doggenweiler, quien también se entusiasmó ante la bajada de los peces gordos. Pero queda Eduardo Frei, quien tampoco aparecía marcando en las encuestas, y ahora supera los 30 puntos, y se baraja como la gran opción del oficialismo Desde hace tiempo que Frei tiene las ganas. Con un estilo más relajado y sacándose la gomina del pelo, chasconeándose un poco más, logró entrar en terreno y se ha mostrado abierto a primarias.


Sería muy reconfortante para la política que se concreten una primarias, independiente de lo que marque el barómetro de las encuestas. ¡Urra¡ por el senador Gómez y el diputado Enríquez Ominami. Ojalá se salten el bajativo y lleguen a los tragos largos, para que existan ideas nuevas que la gente pueda calibrar y no se tome una decisión en base a gráficos y a puerta cerrada.


Y bueno en la derecha podría haber pasado lo mismo. Pero Piñera ya es un intocable. Literalmente: el dueño del fundo, pese al rechazo de muchos de sus colegas de la UDI. A Piñera ya lo habían bajado muchas veces, hasta que se aburrió el 2005 para hacerle frente a Lavín y ahora no hay nadie quien lo pare. También, hubiera sido lindo una primaria. En realidad hubiera sido lindo que la papeleta de primera vuelta tuviera muchos candidatos para que la gente se pronunciara libremente y con el corazón, y que pasara a segunda vuelta el “más mejol”, pero la cosa política es así no más, no hay nada qué hacer.

miércoles, 14 de enero de 2009

Obamitis aguditis al sur de Estados Unidos



“Impossible is nothing” habría gritado un conocido relator si le hubiera tocado trasmitir el triunfo de Barack Obama el martes 4 de noviembre por la noche. La fiebre mediática que provocó la llegada del primer hombre de raza negra a la Casa Blanca (con mascota incluida) fue sencillamente abrumante. Titulares de las más diversas índoles plagaron las portadas la mañana siguiente. Todos -ó más bien casi todos- celebraron la renovación del gobierno norteamericano, terminando con la era Bush marcada por su desastrosa administración, inundada de ignorancia y mesianismo.

El día después, en el almuerzo estándar del oficinista normal- del cual soy orgulloso miembro- hablábamos de que hacía falta una mirada crítica que se saliera de la moda del momento. Pues bien, quien otro que Hermógenes Pérez de Arce para colocar los acordes a la melodía en su columna mercurial. Él sólo quería llorar y entre sus palabras centrales estaba la tesis de la conspiración izquierdista para desprestigiar al gobierno de George W. Bush el cuál- según esa peculiar mirada hermogenística- había logrado reestablecer la democracia en Afganistán e Irak, y vencido al terrorismo. Los hechos por sí solos. Ambos países destruidos completamente y Osama Bin Laden viendo los amaneceres en las montañas de medio oriente todas las mañanas. Pero, era lo que había. Hermógenes y su mirada díscola con la típica repercusión en su blog de El Mercurio plagado de rencillas añejas entre los marxistas leninistas y los capitalistas ortodoxos…

Dentro de toda la avalancha de información y mientras Obama hacía su entrada triunfal en Chicago al más puro estilo rock star (tenía que ocupar esta frase, ultra repetida pero que ese día soñé con escribirla), con un podio blindado y hablando del sueño americano, aparecía Patricio Navia llamando a la prudencia. Ojo que las cosas no van a cambiar tanto tanto… no nos hiperventilemos profesaba el cientista político, desdoblándose por todos los canales de televisión. Pensándolo bien, creo que es un acierto. Histórico lo que pasó, sin duda, pero esto no significa la redención de los tiempos, sino que un aire nuevo; un refresco necesario para la política mundial. La pregunta: ¿Chile podrá sacar un Obama? ó ¿Ya lo sacamos y no nos dimos cuenta?...


Obama con sabor a vino tinto y empanda




Carlos Peña, en su académica columna dominical y citando a Max Webber, nos habló del carisma. Atributo que sin duda fue una de las fortalezas fundamentales en la victoria de Obama. Su mirada, su calma al expresar las ideas, son más que su color de piel.

Obama se levantó como figura conocida recién el año 2004 en la convención demócrata donde se postuló a la presidencia John Kery. Allí le dieron un breve espacio para hablar y su nombre comenzó expandirse. Tal caso fue muy parecido a la ascensión de nuestra actual Presidenta Michelle Bachelet, el día que se subió a un tanque vestida de uniforme para inspeccionar los desastres de un temporal cuando era ministra de Defensa. Allí, definitivamente, se erigió como una figura carismática y fue el puntapié inicial para su postulación a La Moneda. Desde ahí, Bachelet comenzó- en palabras simples- a romperla. Y fue así. Por primera vez en nuestra historia una mujer era la máxima autoridad. El día de su elección, las calles se repletaron de mujeres con banda presidencial saludando a quien era la llamada para renovar la política. Y si nos remontamos más hacia atrás, el fenómeno Lavín es otro buen ejemplo. Un personaje joven, lleno de ideas (buenas, malas, más o menos,) como hacer llover para terminar con la contaminación, poner nieve en plena ciudad, los botones de pánico; casi logra ganarle a Ricardo Lagos en las elecciones de 1999. En consecuencia, nosotros nos adelantamos, así que podemos decir con propiedad que los gringos nos imitaron… vieron en el pueblo al sur de Estados Unidos cómo se rompían los esquemas, cómo establecíamos un verdadero clivaje político.

Pero, parece que de nada sirvió. Hoy vemos una próxima contienda electoral con nombres como José Miguel Insulza, Ricardo Lagos (sí, a veces, gracias), Eduardo Frei y Sebastián Piñera. ¿Caras nuevas?... se me olvidaba, también, Marcelo Trivelli. Algunos postulan que al chileno le gusta la autoridad, la tradición, la casa en orden, el peso de la noche y la figura portaliana. A eso sumarle nuestro vetusto sistema de votación de tiempos de antes de Cristo, con una inscripción electoral donde te obligan a ir a casas que se caen a pedazos, donde te atiende un jubilado de la administración pública que te hace firmar y timbrar el dedo. Así la renovación y la fiebre obamística es solo un sueño americano. Pese a que se intentó, hoy nos hemos vuelto a quedar en el pasado. Con políticos añejos que alejan a la gente común de la política. El laboratorio chileno entró en receso. A nadie parece interesarle, porque no hay nada que pueda interesar. ¿Quizás Farcas? o ¿algún cantante famoso, deportista o actor?... Así las cosas seguiremos siendo un pueblito en la medida de lo posible, arrinconado por nuestra hermosa y radiante cordillera.

Si vas a poncear, sólo cuídate




Hay un tema que nos preocupa. En medio de los paros, nuevamente surge el festín de campaña de cualquier candidato a puesto público: la salud. Hospitales siniestros, una atención deplorable del funcionario público y ahora un error que más parece de club de barrio (con el respeto que me merecen las agrupaciones de ese tenor), con la “negligencia” de no notificar a los enfermos de sida que sin saber que poseían el VIH habían ido a donar sangre a un hospital. Pero acá hay que ver dos patitas de la cueca: el servicio de salud y la prevención en temas sexuales, bastante olvidado en el debate de estas semanas, en donde el ponceo gana cada día más adeptos.

En las frías catacumbas de nuestros hospitales públicos ocurrió una más de las tantas chambonadas a las cuales nos estamos acostumbrando. Así, se suman al cureptazo, a los niños naciendo en los pasillos del Hospital San José, a las eternas filas en los consultorios y a un interminable etcétera, el olvido- ¡ups!- de notificar a los dadores de sangre contagiados con el virus del sida. Se cae una ministra. Se develan, una vez más, las paupérrimas condiciones en que se trabaja en muchos de nuestros servicios públicos y, por supuesto, el establecimiento de un sumario interno para descubrir al gestor material de los hechos: sumario, palabra mágica y redentora. Ahora, me encantaría saber cómo se hace un sumario. ¿Alguien ha visto en qué terminan? Me puse farkasmaniaco: regalo diez lucas a quien me conteste esa pregunta.

Pues bien, faltarían hojas para seguir describiendo estas “embarradas” propias de la dejación de nuestra raza En fin, vamos a un tema de fondo: la sexualidad y la prevención. ¿En qué estamos los chilenos?, sí señores… hablaré del ponceo.


Un trago, una rubia… relaciones aquí y ahora




Mi abuela, como todas las abuelitas, diría:- “por dios, dónde están los valores, la decencia. Estos niñitos están desbandados”. Los tiempos han cambiado y hay que abrir los ojos y como dice una canción” basta ya de tanta tontería, hoy hay que ir al grano”. El tema del sida da el pie para entrar en este debate y recrear las siguientes escenas.

Escena 1, toma 1: Un bar, o una disco cualquiera. Por la barra salen las cervezas, los tragos listos para ser degustados. La cosa se comienza a calentar, más ahora que llegó el verano y hay menos ropita. De fondo un reggaeton cualquiera. “te besaré en la disco, sol arena y el látigo por dónde sea” (algo así debe sonar, porque no me sé ninguna melodía exacta). Los hombres no quieren perder la noche y al ataque, como cual vampiro tras su presa. Comienza la cacería. Las mujeres, ya bastante más desinhibidas, se comienzan a dejar llevar. Pasa la noche y las piscolas te hacen ver más guapas a las mujeres a las que sobrio ni pescarías. Sigue el reggaeton y da lo mismo. Te tocó la que tienes en frente y a dejarlo todo se ha dicho. Da lo mismo lo que haga, cómo se llame. Total, no la quieres para madre de tus hijos, aunque…

Escena 1, toma 2: Una disco a media tarde o una plaza pública a media tarde. Miles de adolescentes o de frentón niños juegan al ponceo. Yo a esa edad, en verdad, jugaba súper nintendo con mis amigos haciendo sendos campeonatos de Internacional Superstar Soccer Deluxe. Y con suerte iba a fiestas, donde pinchaba con alguna chiquilla por ahí, y ocupaba el parque para caminar comiendo helados con alguna pololita, viendo morir el día apoyados de un árbol (que lindos recuerdos, se me cayó el carnet y estoy hablando como mi abuelita, pero en fin). Hoy día los niñitos (no todos por supuesto) juegan a tocarse unos con otros, besarse todos con todos, todas con todas y dándole y dándole, porque el mundo se va a acabar. Andan niñas borrachas a las tres de la mañana por las calles haciendo dedo; toman y toman; tiran y tiran, sin pensar que en unos de esos ponceos puede haber algún contagiado de VIH, sin imaginar que puedan a llegar a ser madres aún vistiendo jumper, aunque...

Este es un tema transversal. No existe separación de estratos; ahaha… pero con la píldora del día después sí, claro, cómo olvidar que solo la gente con plata la puede tener. ¿Campañas de uso de preservativos? Mmm…leves y sin sentido de educación. Salvo la última del Gobierno (“Yo decido y me cuido siempre”) que en algo enseñaba lo más básico: saber ocupar el condón. Recuerdo una fiesta de universidad de la cual fui parte de la organización. Se nos ocurrió regalar condones a la entrada. Escándalo. Parte de las autoridades se ruborizaron por aquello y no faltaron los chupamedias que al día siguiente colocaron carteles por toda la U, preocupados por el libertinaje en que se había convertido la universidad, sumado al hecho que una niña se sacó algo de ropa en un concurso de baile. Gente: eso se llama ceguera, otro mal endémico de nuestro indómito pueblo chileno.

Ante este panorama no queda más que deprimirse. Funcionarios que se olvidan de informar a las personas que tienen sida, niños, jóvenes y adultos viviendo sodoma y gomorra, sin políticas serias de campañas preventivas. Y aunque nadie lo quiere, tenemos cada día más abortos, más embarazos no deseados, y gente contagiándose el VIH (9.900 personas en los últimos cinco años). Hay que parar las antenas y no hacernos los lesos. Hay una realidad que, aunque a mi abuelita le cueste entender, existe y no estamos haciendo nada para enfrentarla. En diciembre, el Gobierno lanzará una nueva campaña del sida que será enfocada en incentivar a que personas con conductas de riesgo se hagan exámenes preventivos. Esperemos que sea un real aporte, directa y sin temas tabúes de por medio.

Nadie puede cuestionar pasar una noche de locura y desenfreno (quien no ha tenido alguna), quizás tampoco nadie pueda prohibir el ponceo, pero a cuidarse muchachos y muchachas, nada más ni menos que eso.